Un accidente cerebrovascular, conocido también como ACV o ictus isquémico, ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro debido a una obstrucción o a la ruptura de un vaso sanguíneo. Esta falta de circulación puede provocar la muerte de células cerebrales, discapacidad permanente e incluso la muerte, por lo que debe tratarse siempre como una emergencia médica.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2021 se registraron aproximadamente 11,9 millones de nuevos casos de ACV. Además, se estima que uno de cada cuatro adultos podría sufrir uno a lo largo de su vida, lo que evidencia la importancia de fortalecer la prevención y el reconocimiento temprano de los síntomas.
¿Cuáles son los tipos de accidente cerebrovascular?
Existen dos tipos principales:
- ACV isquémico: ocurre cuando un coágulo bloquea un vaso sanguíneo e impide que la sangre llegue a una zona del cerebro.
- ACV hemorrágico: sucede cuando un vaso sanguíneo cerebral se rompe y produce una hemorragia.
También existe el ataque isquémico transitorio, conocido como AIT, que provoca síntomas similares a los de un ACV durante un periodo breve. Aunque las molestias pueden desaparecer en pocos minutos y no dejar daños permanentes inmediatos, constituye una señal de alerta que requiere valoración médica urgente.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Debilidad o adormecimiento de la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un solo lado del cuerpo.
- Caída de un lado del rostro.
- Dificultad para hablar, pronunciar palabras o comprender lo que otras personas dicen.
- Pérdida repentina de visión en uno o ambos ojos.
- Mareo, dificultad para caminar, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.
- Dolor de cabeza intenso y repentino, sin una causa conocida.
¿Cuándo se debe buscar atención médica?
Inmediatamente. Ante cualquiera de estos síntomas se deben activar los servicios de emergencia y solicitar atención médica sin esperar a que la persona mejore.
También es importante registrar la hora en la que comenzaron las manifestaciones, ya que esta información ayuda al equipo médico a determinar las opciones de tratamiento. Incluso si los síntomas desaparecen después de unos minutos, la persona debe ser evaluada de forma urgente, porque podría tratarse de un ataque isquémico transitorio.
Durante un ACV, cada minuto cuenta. La atención rápida puede disminuir el daño cerebral y ampliar las posibilidades de acceder a determinados tratamientos, cuya efectividad depende del tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas.
Factores que aumentan el riesgo
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable. A ella se suman el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sobrepeso y la obesidad, la falta de actividad física, una alimentación rica en sal y grasas, el consumo excesivo de alcohol y algunas enfermedades del corazón, como la fibrilación auricular.
También existen factores que no pueden modificarse, como la edad, los antecedentes familiares, haber sufrido previamente un ACV o un ataque isquémico transitorio y determinadas enfermedades cardíacas o renales. Sin embargo, conocer estos antecedentes permite realizar controles médicos y tomar medidas para reducir otros riesgos asociados.
¿Qué consecuencias puede dejar un ACV?
Las consecuencias dependen de la zona cerebral afectada y pueden presentarse tanto de forma inmediata como a largo plazo.
Entre ellas se encuentran:
- Debilidad, parálisis o dificultad para caminar.
- Alteraciones del habla y la comunicación.
- Problemas para tragar.
- Pérdida del equilibrio y la coordinación.
- Deterioro de la memoria y otras funciones cognitivas.
- Depresión, ansiedad y cambios emocionales.
- Convulsiones.
- Dolor crónico o rigidez muscular.
- Pérdida de independencia para realizar actividades cotidianas.
La rehabilitación forma parte esencial del proceso de recuperación y puede incluir fisioterapia, terapia ocupacional, terapia del lenguaje, rehabilitación cognitiva y acompañamiento psicológico, de acuerdo con las necesidades de cada paciente.
Estrategias para prevenir un accidente cerebrovascular
Aunque no todos los factores pueden evitarse, muchas acciones cotidianas ayudan a disminuir el riesgo:
- Controlar regularmente la presión arterial.
- Cumplir los tratamientos indicados para hipertensión, diabetes, colesterol elevado o enfermedades cardíacas.
- Evitar el tabaco y la exposición al humo.
- Mantener una alimentación equilibrada, con menor consumo de sal, azúcares y grasas saturadas.
- Consumir frutas y verduras diariamente.
- Realizar actividad física de forma regular.
- Mantener un peso saludable.
- Limitar el consumo de alcohol.
- Acudir a controles médicos periódicos, especialmente si existen antecedentes personales o familiares.
- No consumir aspirina, anticoagulantes u otros medicamentos preventivos sin indicación médica.
El mensaje central es claro: reconocer los síntomas, actuar de inmediato y controlar los factores de riesgo puede marcar una diferencia en la vida de una persona.
Información revisada por el Dr. Santiago Valenzuela, neurólogo del Hospital Vozandes Quito.





